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Baja de tasas en Brasil

En esta nota comentaremos como la presidente Dilma Rousseff busca conseguir una “histórica” baja de las tasas de interés, apostando a que es la mejor estrategia para revivir a la economía brasileña en el mediano plazo, dijeron a Reuters miembros de su equipo económico.

Su decisión de centrarse en el declive de las tasas, más que en inundar a la economía con gasto público, eventualmente podría ayudar a Brasil a regresar al robusto ritmo de crecimiento de los últimos años.
Sin embargo, también puede condenar al país a un desempeño económico inferior al esperado para el 2012 y volverse en su contra en forma de elevada inflación, sin garantía de una solución a problemas estructurales profundamente enraizados en Brasil.

La tasa de crédito de referencia Selic se mantiene en un 8,5 por ciento, un mínimo histórico para el país, pero sigue siendo muy alta para los estándares mundiales. El banco central ha recortado la tasa en 4 puntos porcentuales desde agosto, con la esperanza de impulsar a una economía que actualmente está estancada por cuarto trimestre consecutivo.

La política clave que ha permitido que las tasas caigan es el compromiso de Rousseff con la austeridad fiscal, lo que ayuda a mantener limitada la inflación.

Su Gobierno ha establecido un objetivo relativamente ambicioso de superávit presupuestario primario -ingresos menos gastos, sin incluir los pagos de intereses sobre deuda- de cerca de un 3,1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) este año.

La debilidad sostenida en la economía brasileña, más el contagio financiero por la crisis de la zona euro, ha aumentado la presión de sindicatos y de algunos legisladores cercanos al Gobierno para que Rousseff baje su meta presupuestaria e inunde a la economía con nuevo gasto y otras medidas de estímulo.

Pero funcionarios del Gobierno, que hablaron con Reuters a condición de anonimato, dijeron que Rousseff sigue comprometida totalmente con la meta de austeridad.

Añadieron que la mandataria considera que las tasas en el país aún son demasiado altas y que reducirlas rendirá frutos para cuando se prepare para la reelección, en el 2014, lo que probablemente le asegurará un legado similar al de otros presidentes brasileños que contribuyeron a la modernización de la economía.

“Ella ve esto como una oportunidad histórica y está comprometida con hacer su parte para sacar ventaja de esto”, dijo un funcionario que participa en reuniones regulares de política económica con Rousseff.

“Podría significar otro año mediocre (para el crecimiento económico), pero ella está dispuesta a aceptarlo”, añadió.

Otro funcionario aseguró que “no ha habido discusiones serias para modificar la meta (de superávit primario)”.

Como generalmente se considera que las tasas de interés brasileñas tienen un efecto retardado de unos seis meses antes de que se traspase a la economía, estimulando el crecimiento del crédito, la decisión de Rousseff podría sellar otro año de una expansión débil.

Ahora los mercados esperan un crecimiento de sólo un 2,3 por ciento el 2012, que se compara con la expansión de un 2,7 por ciento del 2011.

Los funcionarios no quisieron decir si Rousseff tiene en mente un objetivo para la tasa Selic, aunque sus comentarios implicaron que ella espera que las tasas caigan más de lo que anticipan actualmente los mercados. Los economistas esperan que la Selic cierre el año a un 7,5 por ciento, según la mediana calculada en un sondeo semanal del banco central.

RIESGOS DEL PLAN

El gran riesgo del plan de Rousseff es que los factores estructurales, que hacen que las tasas de interés del país sean tan altas, no han desaparecido por completo.

La tasa Selic superó el 25 por ciento en el 2003 y una iniciativa del 2009 para sostenerla en un sólo dígito no logró mantener el nivel cuando la inflación volvió a subir.

Muchos contratos dentro de la economía -arriendos, transporte y sueldos, entre otros- son ajustados automáticamente a las expectativas de precios.

Esa “indexación” implica que Brasil podría terminar tanto con inflación alta como con un crecimiento bajo si los esfuerzos de Rousseff fracasan, un escenario que afectaría su popularidad y su reputación como una administradora competente y centrada en los resultados.

“No veo cambios que pudieran garantizar un dramático declive en las tasas”, dijo Alexandre Schwartsman, un economista y ex miembro del directorio del banco central.

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